lunes 27 de diciembre de 2010

El negocio de la navidad



Estas fechas son las más consumistas del calendario. Compras de todo tipo, no solo nos basta con llenar la mesa con comida para triplicar el número de comensales si no con regalos para la familia.

Tanto en un caso como en otro, todo nos parece poco, hacer recetas típicas de las fechas, probar a hacer algunas nuevas, o aquel plato que tanto le gusta a alguien de los invitados a cenar. Por otro lado, está el “un detallito más”, sobre todo cuando de los niños se trata. Yo tengo la fea costumbre o la virtud, no se, de empezar pronto con mis compras con intención de que luego no se me forme demasiado eco en la cartera y el mes de enero pasarlo con la máxima normalidad posible. Pero no por empezar pronto acabo también pronto, si no que hasta el mismo cinco de enero por la noche estoy ultimando detalles.

En la familia somos cuatro gatos y un detalle cae para cada uno, intentando lucirnos un poco más con los más pequeños. Pero debo de reconocer que cuando de mis niños y mi marido se trata procuro no escatimar en gastos ni poner límite en la cuantía de los regalos, eso si, todo dentro de una lógica.

Por más que protesto, no dejo de reconocer que a mí me encanta, pensar que le puede gustar a uno o a otro, la ilusión de acertar con el regalo escogido, la cara de sorpresa, etc. Eso de ir de compras me encanta pero claro, mirando precios, comparando y buscando el que el regalo sea bueno, bonito y barato.

Hará como un mes compré para el pequeño un muñeco del los gormiti, sabiendo a ciencia cierta que le encantaría, no tuve la menor duda de meterlo en el carro de la compra, el bicho es como diría del difunto padre de Julio Iglesias, raro, raro, raro, además de precio no me pareció nada excesivo puesto que son muñecos que ahora están de moda y de eso se aprovechan y abusan, costaba diez euros. - Pues nada, escondido está hasta que llegue el momento- fue lo que pensé cuando llegué a casa y lo escondí en el sitio ahora más protegido de mi casa. Han sido varios establecimientos, grandes almacenes, jugueterías y demás donde he visto el muñeco, en todas partes más caros que donde yo lo compré, pero la diferencia en el precio ha llegado a ser hasta de trece euros. ¡No me lo puedo creer!. Menos mal que a mi me ha costado a la baja, que si llego a gastarme veintitrés euros en el bicho ese y luego lo encuentro a diez, después de darme un ataque, compro el más barato y descambio el mas caro.

Pero, ¿Dónde está el límite de los comerciantes?, si el que lo vende a diez euros le gana dinero, el que lo vende a más del doble…………. No me puedo creer, que en el mismo artículo, mismo color, tamaño, fabricante, etc haya tantísima diferencia en el precio. Vale que en uno de los sitios que lo he visto sea un sitio caro de por si en el que se paga más el nombre del comercio y la pijotada de la bolsa que te dan que por el artículo, pero en otros de los comercios que lo he visto han sido jugueterías normales y corrientes.

Es más, lo que más curioso me resultó fue que entramos ayer en una juguetería, lo vimos a veintitrés euros, salimos, y, entramos justo en el local de al lado, que resultó ser una nave de estas que todo vale diez euros y allí estaba, solo a unos metros de diferencia trece euros más barato.

Menos mal, que al igual que los comerciantes tienen libertad para poner el precio que crean conveniente, nosotros tenemos la libertad de elegir dónde comprar, porque afortunadamente cada vez hay más competencia entre ellos y mas precios donde elegir, pero eso sí, hay que dar muchas vueltas y comparar antes de comprar.